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Archive for the ‘Relatos’ Category

El De La Carta

Viene de aquí

Cuando volvió a salir de los túneles, después de esquivar un par de convoyes y alguna que otra mirada inquisitiva de trabajadores que se dirigían a su puesto laboral, ya empezaba a despuntar el sol por entre los edificios. Contaba en su poder con un nuevo pasaporte y carnet de conducir. Aunque importante, aquello no era lo que realmente había ido a buscar cuando se adentró buscando al experto.
Lo que realmente más valor tenía en esos momentos, era la carta que guardaba con sumo cuidado en el interior de su abrigo. Y aunque no fuese todo lo real que aparentaba, ese pequeño dato tan sólo lo conocía él y la persona que lo había escrito. Y sobre esta último no había que preocuparse lo más mínimo.
Entró en un café, se sentó en la mesa más alejada y escondida y respiró hondo. Aquella carta que con tanto mimo guardaba y que era la única posibilidad de intentar arreglar la situación en la que se encontraba, sólo tenía un destinatario. Y ese sería su siguiente paso, encomendarse al diablo y encontrarse cara a cara con ese destinatario.

Ciudad Sin Ley

P.D.: la foto es de Euzesio.

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El Del Ensayo

Realizando un ensayo...

Realizando un ensayo...

Se quedó mirando el papel que le acababan de entregar los dos operarios que tenía enfrente. Luego les miró a ellos dos, que tenían en su rostro la sonrisa de la satisfacción del trabajo bien hecho, y volvió a bajar la mirada al papel.
– Este ensayo no me vale ni para tomar po’l culo, pero bueno…
No pudo evitar decirlo a media voz al mismo tiempo que lo pensaba. Sin embargo los dos operarios ni siquiera se inmutaron lo más mínimo. Seguían con su enorme sonrisa mientras él seguía ojeando los resultados buscando algo a lo que agarrarse. Levantó de nuevo la mirada y les dijo:
– No entendéis una mierda, ¿verdad? – A lo que obtuvo una aún mayor sonrisa. – C’est parfait. ¡Bravo! ¡Bravo! Parfait, parfait… Lo usaré para hacer un avioncito…
Los dos negritos salieron de la sala más felices que un par de perdices, mientras que él se quedaba sentado en su mesa pensando cómo casar los planos y las mediciones con el proyecto que le tenía en aquel país tropical y qué hacer con el papel de resultados del ensayo que le habían entregado: si un avión estilo flecha, o uno más elaborado que hiciera alguna acrobacia en el aire al lanzarlo…

Ciudad Sin Ley / Lomé

P.D.: Dedicado a Ale, que dará fé de que cualquier parecido con la realidad es porque efectivamente, es muy probable que sea así…

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El Del Experto

Viene de aquí

Salió corriendo hasta la boca de metro más cercana. Tenía la suerte de que hoy era uno de esos días en los que a estas horas de la madrugada estaba aún abierto. No tenía la más mínima intención de realizar ningún trayecto, pero sí de encontrar a una persona. Y a determinadas horas intempestivas, los túneles del metro era el único lugar donde encontrarla.
Se cruzó por el camino con un par de personas, pero cada uno tenía sus propias preocupaciones, por lo que nadie se fijó en nadie. Pagó escrupulosamente el billete para ir a ningún lado y bajó al andén. Esperó a que viniese un tren, se montasen las pocas personas que allí esperaban y que el convoy abandonase la estación. En cuanto lo hizo, echó a correr por las vías siguiendo la luz que se alejaba.
Había hecho ese mismo trayecto apenas dos veces antes, pero sabía que en esta ocasión, todo iba a ser diferente. Esta vez todo iba en serio.
– ¿Dónde vas corriendo así como alma que lleva al diablo? – le preguntó una voz al pasar junto a un pequeño recobeco en la pared.
– Te estaba buscando. Te necesito.
– Mmm… Pasa – le respondió la voz al tiempo que una pequeña luz dejaba ver un pasadizo por el que una sombra empezó a deslizarse.

Ciudad Sin Ley

P.D.: la foto, tomada prestada como siempre, es de Hugo Bernard

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El De Mi Barrio

Leyendo por ahí… Me dieron ganas a mí también de hablar de mi barrio…

En mi barrio no hay Supercor. Ni siquiera Mercadona. Para salvar el enganche que tenemos a los productos Hacendado hay que coger el bus para comprar allí. Bueno, eso ahora que hay bus. Antes o te llevaba alguien en coche o ibas andando. Y como normalmente llueve, acababas decidiendo que mejor bajar a la tienda de golosinas de la esquina. Porque tienda de golosinas sí que hay en mi barrio.
Golosinas variadas. De todos los colores. Al igual que la gente del barrio. Porque en mi barrio hay gente de muchos colores. De piel. Porque sí, yo también creo que la piel tiene color, y no hay nada malo en decirlo así. Tu piel es negra, o marrón, o rosa, o pálida. Y no pasa nada malo por decirlo así. De hecho en mi barrio, a pesar de que la gente tiene pieles de colores, no pasa nunca nada malo.
Al revés. Muchas veces ves gente con la piel de distinto color que se juntan para compartir algo. Y da gusto verlo. Como cuando, una vez al año se juntan todos en el parque, y se ponen a cocinar. Cada uno lo que más le gusta comer. Y como cada uno tiene la piel de un color, cada uno cocina cosas muy distintas. Pero al final, todo está rico. Da igual el color de piel.
No sé que tiene lo de comer, que al final, a todos nos gusta… Da igual el color de piel…

Ciudad Sin Ley

P.D.: la foto, que no viene demasiado a cuento (lo sé), es de _dUkEnUkEm_.

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El De La Huída

Viene de aquí

Sabía lo que tenía que hacer, así que aunque le costó ponerse en marcha, en cuanto se levantó de la silla empezó a recorrer toda la casa a un ritmo vertiginoso. En apenas un par de minutos tuvo preparada una mochila con todo lo que necesitaba y algún que otro recuerdo que no quería dejar atrás. El resto, todo lo que se quedaba atrás era completamente sustituible.
Estaba prácticamente seguro de que a estas alturas le tendrían vigilado, así que aunque seguramente lo tendrían también previsto, se dispuso a salir por la escalera de incendios. La noche le protegía vagamente, y la luna nueva parecía haberse puesto de su lado. Apenas una tenue farola le iluminó en el descenso a la calle.
Una vez entre los cubos de basura, miró hacia uno y otro lado. Nadie. No era del todo una buena señal. Respiró hondo de nuevo y repasó una vez más el plan que mientras leía una y otra vez la carta, había trazado en su cabeza. Poco a poco todo iba tomando ligera forma, pero sin embargo nada era seguro y había infinitas cosas que podían salir mal. Aún así, él ya había comenzado. Ya había dado el primer paso.

Ciudad Sin Ley

P.D.: foto de Eviloars.

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El De Los Espías

Cuando entró en casa, todo estaba oscuro. Lo normal por otro lado. No eran horas de que brillase el sol, y la luz apenas se intuía por entre los nubarrones del cielo. Pero como estaba bien acostumbrado a cada centímetro de esa casa, no tuvo ningún problema en llegar hasta el despacho y sentarse en el sillón frente a la mesa.
Se recostó hacia atrás y aún a oscuras, respiró hondo. Y entonces se dio cuenta. Una alarma saltó de inmediato en su cabeza y encendió la luz de la mesa. Y allí estaba, cuidadosamente depositado. Se quedó largo rato mirando aquel sobre dirigido a él, pensando lo que contendría en su interior, aunque algo le hacía sospechar que sabía perfectamente lo que diría el manuscrito que contenía.
No obstante lo leyó y confirmó sus teorías. Lo habían descubierto. A pesar del tiempo que llevaba ligeramente apartado del mundillo, alguien ahora sabían a qué se dedicaba. Aunque apenas un par de minutos después de darse por encontrado, él también sabía perfectamente quien había escrito aquellas líneas de su puño y letra y las había dejado en su mesa. No en vano, en eso consistía su profesión.

Ciudad Sin Ley

P.D.: foto de Scott Stamile

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Sabía que algo podía salir mal. Por ello se había preparado a conciencia, repasando todo el plan una y otra vez, paso por paso, hasta cada uno de los detalles más insignificantes. Pero se le pasó algo importante por alto. El otro 50% del proyecto dependía de otra persona. Y no todo el mundo era igual que concienzudo que él.
Sólo así se explicaba que ahora estuviera en esa sala sin ventanas. Paredes de hormigón sucio. Puerta de seguridad de aluminio. Mesa de metal atornillada al suelo. Tres sillas incómodas. Y un espejo ocupando toda una pared. Exactamente igual que las salas de interrogatorios de las películas, tan sólo que esta vez era de verdad.
Y ante él, un papel. “El trato” cómo lo habían llamado el fiscal y su abogado, que ahora seguramente se estaban tomando una caña a su salud en el bar de enfrente de la comisaría, mientras él decidía que hacer. Confesar, reconocer su delito, y por tanto, su fallo. O salirse por la tangente y jurar una y otra vez que todo era un error. Aunque la verdadera cuestión, al igual que antes, no era esa, sino qué haría el otro 50% que estaba al igual que él, en la sala de interrogatorios contigua. Justo la misma cuestión que hizo que estuviera ahí sentado.

Ciudad Sin Ley

P.D.1: basado en un problema económico… Se tiene que notar la faceta laboral en algo…
P.D.2: foto de maciek_draba

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